lunes, 22 de noviembre de 2010

Triste, solitario y final

NOVELA NEGRA:


Soriano revive la escena policial en cómica novela

“Triste, solitario y final” destapa las aventuras de sus protagonistas en venganza a dos grandes cómicos, el Gordo y el Flaco. Hay héroes y villanos pero nadie tras las rejas.


Hil Hernández



Las persecuciones, tiroteos, policías, héroes y villanos, son atemporales.  Hoy, pasadas cuatro décadas desde la publicación de la primera novela del argentino Osvaldo Soriano, revivo la adrenalina de un relato que, si bien no es policial, contiene los elementos de la novela negra norteamericana de principios de siglo.
Soriano corre velozmente en “Triste Solitario y final”. Es una novela corta en la que entrelaza con destreza sus propias aventuras, un escritor sudamericano, y Marlowe su compañero de ruta, un detective americano arruinado.
Ya tenemos a los dos personajes que romperán  las reglas de sana convivencia en un Estados Unidos ordenado y boyante.
Para cumplir con la escena policial necesitamos un caso a resolver,  este es investigar o más bien, vengar los tristes y solitarios años del Gordo y el Flaco, dos míticos cómicos que Soriano admira  y que en una exhaustiva  investigación concluyó que el exitoso Chaplin no ayudó profesionalmente, causando sus debacle económica y personal.
Comienza la carrera del periodista argentino por conseguir una entrevista en el brillante Hollywood y junto a su compañero detective toman caminos, que más que acercarlos al objetivo los alejan a tiros, golpes y moretones.
El autor hace que estos dos personajes junten sus miserias económicas, los estruja en más de cinco aventuras  mezclando la comedia absurda y la novela negra que más que causar tensión, saca carcajada.
Me sorprende la suerte de ambos personajes, Soriano los hace invencibles  describiendo cada pelea que pareciera estar sentado en una butaca de principios de siglo disfrutando de los años mozos del Gordo y el Flaco. Con esa simplicidad que causa risa. Hoy pareciera que necesitamos más que eso para sonreír, sin embargo, el enigma que el autor no resuelve, finalmente atrapa.
Notable es la escena en que el escritor argentino logra, luego de un plan maestro, llegar  a Chaplin, no maneja el idioma y por fin avizora el momento de la pregunta que tanto le inquieta. Terminan ambos en el escenario a golpes, siempre en compañía del Marlowe, pero aquí la cosa se pone sabrosa ¡aparecen las celebridades! todas juntas Stewart, Wayne y Martin peleando, Mia Farrow y Jane Fonda lo piropean y escapan secuestrando al foco de la fiesta Charles Chaplin.
Qué agitada es la vida de los protagonistas desde que deciden apoyarse. Sumamos a hippies, infieles, matones, productores de cine, policías corruptos todos en un país mostrado por el autor desde su mirada sudamericana del absurdo del éxito en un país altamente clasista y racista.
Osvaldo Soriano parte la novela con la visita de Stan, El Flaco a la desprolija oficina del detective Marlowe, solicitando le ayude a retomar sus contactos en la gran industria cinematográfica y no seguir en la ruina idea que se contrapone con la mirada pesimista de la sociedad norteamericana del detective que dice estar cansado de tanta comedia, aludiendo a la ceguera de los habitantes de la gran manzana en donde sus grandes referentes, la mayoría de las veces, terminan mal.
El autor toma elementos para hacer de su novela un relato policial, sin embargo se destaca el alejarse de la búsqueda de un final con un malvado tras las rejas y lo que queda es un final abierto, con la misma incertidumbre y miseria del comienzo y con dos inmortales busca vidas.